domingo, 29 de abril de 2012

¿Por dónde?

¿Por dónde se viene?
Por aquí, por estos verdes,
por aquí vino Abril
y vendrá Noviembre
a veces viene tormenta
y más allá...
...seguramente
una noche callada
y un cielo transparente.


lunes, 23 de abril de 2012

En silencio

El tiempo entre bocetos
los olivos tras el viento
hoy cogeré la lluvia
y entonces parecerá que te vas
en un sueño añil
para no estar más aquí
los centenos amarillean
en silencio...


 
 

 
 

miércoles, 18 de abril de 2012

Que no llueve

Que no llueve, que no
que ya no tienen rosas los rosales
ni hay espigas en los trigales,
que los centenos están secos
y los lirios yertos.

Que no llueve, que no
que las estrellas están marchitas
ni hay aguas mil de abril,
que la tierra está dormida
y los cerezos muertos.

Que no llueve, que no
que de mi jardín no brotan versos
ni hay agua en mi huerto,
que mi alberca está vacía
y mis rincones desiertos.

(IR 1205291719597)


La abuela

El huerto del tio Antonino

Está frente a mi casa, olvidado, abandonado. Sólo quedan hierbas silvestres y algunas pequeñas mariposas blancas que a veces revolotean acompasadamente. Contra una pared hay una maraña de verdosos olivos asilvestrados, tornados en locos y salvajes acebuches. Tumbado al fondo duerme el tronco de lo que fue un gran eucalipto, roñoso, podrido y lleno de mil agujeros donde las hormigas entran y salen ordenadamente. Antaño, desde mi casa, oía el viento de la tormenta silbando entre sus hojas, haciendo crujir sus brazos, anunciando la lluvia. Hoy lo veo derrotado caído y muerto.

El huerto sigue rodeado de alambres ennegrecidos y paredes de ladrillos mohosos. Los rincones están salpicados de cuerdas de pita y viejos aperos de labranza deshechos por el sol. Hay una blanca higuera rota al frente que siempre fue pequeña. También puedo ver la alberca, ahora moribunda, derruida en parte, entre cascotes de cemento y rojizos cardos.

Todavía oigo el burro del tío Antonino algunos días en la madrugada. No tenía nombre y era muy viejo. Su pelo fue blanco y después ocre y sus ojos muy negros. Gritaba un rebuzno inconfundible, como pidiendo algo. Creo recordar que murió una mañana de enero. Siempre me pareció que le hubiese gustado ser un músico viajero en vez de burro de labranza. Aquel día llovía.

Ya no huele el aire a fresas, ni a rosas, ni a jazmín. El huerto frente a mi casa está abandonado. En un rincón, entre algunos restos de basura, siguen creciendo lirios. Lirios de colores azules y amarillos.