martes, 27 de noviembre de 2012

Segando

Los colores del campo empiezan a tornarse ocres. La tarde se muere  por el horizonte. La hoz corta de derecha a izquierda. Gavillo otra vez. El sol se  esconde tras la  siembra mientras los rojizos se adueñan del paisaje. Los saltamontes huyen del filo. El aire va quieto. Desparecen los rayos en un último suspiro y la raña queda como azulada. La luz cenital del ocaso invade la llanura. Hasta mañana la tierra descansa del astro abrasador. Noto el corazón como bombea en mi sien. La voz del arriero resuena marcando el fin de la jornada. Con rapidez volvemos de los diferentes tajos a la encina. Dos monedas por cabeza es el jornal. El mulo está enganchado al carro y tras subirnos andamos de vuelta el polvoriento camino. Las monedas tintinean en el bolsillo una contra otra.





3 comentarios:

  1. Has retratado un día en el campo...la vida del arriero, dura, trabajando de sol a sol por un par de monedas y agradeciendo un día más de trabajo.
    La imagen de la vieja encina es muy poética.
    Sublime Juanma.
    Un abrazo

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  2. Bucolismo que cala hasta el corazón de los huesos, primito. No me lo tomes como un peloteo interesado si te digo que haciendo memoria de momentos que con tus escritos y tus imágenes me has traido de tu tierra, creo que si hay alguien que se merezca una estatua dedicada al alma manchega, ese es mi primo Juanma. Abrazos.

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  3. Juan Manuel escribes con un sentimiento de identidad lento y afianzado. Hablas del campo como pocos saben hablar, y yo que he mamado el campo siento, cuando te leo, que he llegado a casa.

    Tu escritura conmueve, llega, como dice el amigo Tano, hasta el corazón de los huesos.

    Gracias.

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