martes, 23 de diciembre de 2014

Entre viento ladino

Puedo vivir en el filo de una hoja seca
oscilando sobre un viento ladino
ver agonizar las tardes ya muertas   
fingir que estoy dormido
si acaso dentro de un círculo
en un paseo de ciudad pequeña
hecho de huesos y carne de áspides
juntar cuatro letras pobres y hacer peor vino
y mira que  aún palpito conectado a los cables
oigo un trueno, un grito, un azul frío
en un día de pelo áspero o ralo
luce una bombilla como un garbanzo
miro una luna destripada y tristona
y me quedo lejano
escondido entre la hojarasca ocre
sin haber venido.





miércoles, 26 de noviembre de 2014

Se admiten proscritos

Es cuando los segundos no cuentan 
y tu vida se detiene en un mundo de bits numerados 
desde la soledad de tu mesa con pantalla. 
Afuera las uvas se hacen vino 
y llueve y llueve y llueve,
 y tú que no lo ves. 
Sin contar con los besos que no se dan, 
y las vírgenes que no se desvirgan 
y los borrachos que dejaste de conocer. 
No es por el tiempo perdido, 
es por el estrabismo.






martes, 4 de noviembre de 2014

Preludio

Preludio de colores de un día fugaz de otoño
no importa si era sólo fantasía 
 se permite respirar y olvidar el sol
adiós luz blanca de un mundo como roto
cuando girando la llave se cierra la puerta
donde se cuela la brisa  de acero
 y el tiempo que pasa como un destello
mientras las flores yacen adormecidas sobre la tierra.



viernes, 24 de octubre de 2014

Indefinidos

Camino distraído de noche
mientras los olivos danzan cansados
un rumor de ladridos de perros
quizá indefinidos o neutros
y otro día que muero.

Pausan las lucecillas amarillas
y el cielo que se va como curvando
entre esencias anisadas de hinojo
huella de pasos sin tiempo
y otro día que voy muriendo.

Voy,  vengo, y me vuelvo a ir
por lo tesos, los ríos y los llanos
cuando brotan sombras a la deriva
retorno a aquellos tres almendros
y otro día… 



jueves, 9 de octubre de 2014

A sotavento

A sotavento entre la simiente
los retazos de alondras
siempre vuelven herrumbrosas
por el austero noviembre.
El granito se retuerce
en la lúgubre cantera
descreída la locura
de un prólogo profundo
lleno de jeringonza ocre.
Otra pastilla de sueños
y más versos endémicos
musito otra noche
entre unicornios heridos
y vuelvo a lo mismo
hiatos jalbegados
tiempos ignotos entre segundos
solitarios se hilvanan los días
quizá hasta cuando vuelva a la playa
o venga por mí la muerte.
Hoy me pesa el corazón
como el plomo turbio
no truena ni llueve
por suerte.


martes, 10 de junio de 2014

Escena de meninas

Hoy me gusta algo menos la vida amiga Agustina Sarmiento. Será por esta quietud tan estática de siglos, me duelen las piernas, huele a rancio y me aburro cantidad, aunque en el fondo estoy vagamente a gusto. Mira esa, la Isabel de Velasco, que estirada, seguro que don Diego la retrata como se merece a la muy meona, ¿sabes? dicen que tiene mal de piedra y orinas turbias. ¡Ay Agustina como me aburro! con este vestido tan grotesco de miriñaque. Anda dame la jarra ya de una vez que este dolor de garganta me va a matar. ¿Sabes? Este vino blanco de Alcázar de San Juan es muy fino y afrutado, es digno de una infanta como yo. Más, tráeme más, deprisa.

Y menos mal amiga que tenemos en la escena a Mari Bárbola, esta sí que es divertida. Como sabe que están mis padres Felipe y Mariana mirando, es cuando más cabriolas y otras monerías hace, si hace falta se come los ojos de los gatos y se estira las orejas hasta ponérselas encarnadas y como colgajos, ¿sabes? y sólo por divertimos, esta sí, esta sí que me gusta tenerla cerca. Entre tú y yo, está medio lela, la pobrecita, de un aire que le dio o algo así.  ¡Y Nicolás Pertusato! menudo ordinario, siempre chinchando,  míralo, a patadas con los perros, anda y que le den morcilla al modorro este, si es que dicen que come bocadillos y es un poco republicano ¿Te enteras?

Pues Agustina, no sé si ya te lo he dicho, pero yo quiero casarme pronto y ser emperatriz o algo, porque claro reina no puedo ser, si es que no sé freír ni un huevo ni pasar calamidades  y además para eso están otras yo nací en cuna ¡qué caramba!

¿Tú crees que este cuadro quedará para la historia?  Estoy tan rubita y con estos tirabuzones ¡pero qué guapa me veo! Si es que este Velázquez es un artista. Mira mis padres, están que se les cae la baba.







lunes, 26 de mayo de 2014

Días amarillos

Otro día de sol en un abril amarillo. Las espigas son ralas y están sin encañar. Un viento cansado se filtra entre los tallos de trigo. A lo lejos los cuervos motean el horizonte. Unos álamos escuálidos están clavados en la llanura. Las pequeñas hormigas se afanan en guardar los pobres granos caídos mientras las cigarras cantan en algún lugar indeterminado. Las nubes que no pasan. El mar de espigas amarillas se balancea entre los surcos, como olas terreras. Otra tarde abrasadora y etérea va a morir, las estrellas germinan lánguidas y marchitas.

El cielo amanece rosáceo, límpido y alto, más tarde se hace de cobalto. La escenas se suceden repetitivas, excepto por una tolvanera de polvo curvo que aparece en el mediodía. A rodales los tallos se rompen por el torbellino y después de alzar el vuelo caen entre los terrones de tierra. Las nubes que hoy tampoco pasan. El sonido de las cigarras se vuelve atronador y resuena sordo por el llano. Un camino amarillo, polvoriento y raído serpentea, se retuerce y se pierde tras un lejano teso, tras él va un perro huraño y cansino de color canela.

Cerca del camposanto amarillo hay un viejo caserón de piedra que parece abandonado, a sus pies abundan los cardos marianos. Después se acaba abril y mayo sigue igual de amarillo. Las nubes que siguen sin pasar. Las espigas menudas ya duermen en el suelo. El sol sigue en lo alto, todo está ocre y seco. Tangencialmente, como una elegía mil veces repetida,  las campanas suenan como lamentos en el pueblo varado en la tierra.

Las nubes que no, que no pasan. Llueven piedras.









lunes, 5 de mayo de 2014

Entre Trinitarias

Es posible que ande muerto, debajo de las criptas, algo manco eso sí, según dicen un poco desdentado y en plena senectud. O también es posible, que aún siga vivo, y que escondido en una cueva medranosa  siga inventando nuevas desventuras de otro flaco caballero andante, enamorado de alguna trinitaria ociosa; o quizá imaginando otra novela a lomos de un clavileño cualquiera surcando por algún llano ventoso deshaciendo entuertos, contra necios de hojalata que se ríen de damas deshonradas, quien sabe...

Sin georadar de por medio, y ya en las callejas empedradas de cualquier rincón de las viejas ciudades, corretean   Persiles con sus Sigismundas, licenciados vidrieras, ilustres fregonas,  Rinconetes y Cortadillos con Monipodios maestros de prostitutas y toda una retahíla de personajes desgraciados que todavía hoy siguen viviendo de la  turbia picaresca. Los antropólogos se rascaran la cabeza buscándolo, mientras él con su pluma abstraída y huidiza sigue lejos de Argel, añorando el miembro perdido en aquella vil batalla, recordándonos como autos de fe aquello de que  “aún entre los demonios hay unos peores que otros, y entre muchos malos hombres suele haber alguno bueno”. Por si acaso, desde estas vistas al llano, yo me quedo con el olvidado Rucio rebuznando, anclado a una anilla de una pared blanca y añil, bajo un sol plano de justicia y las ínsulas las dejaremos para los buscadores de cuerpos. 

- ¿Entonces murió?
- Pues no, está más vivo que nunca, zascandil.

  

miércoles, 23 de abril de 2014

Con vistas al llano

Tutelado por el licenciado Cabra,  como en otros tiempos, tan austeros como aciagos  de protomiseria quedé encallado, más allá de la búsqueda de algunos  garbanzos escurridizos en la olla aguada. Y por unos breves instantes, malcomido y como entre sueños, tuve con él un torpe diálogo:

“Coman que me huelgo en verlos comer” me decía. Pensé que el licenciado cada día estaba más joven y su sotana no parecía tan raída. ¿Perdiz hay? No, unos mendrugos, y que sobre para los criados, que también han de comer, dijo asomando burlón por la esquina de la pantalla led. A cero con noventa y nueve dólares la renovación de guasap objeté mientras mis tripas pedían justicia.” Todo esto es salud y otro tanto ingenio, lo demás es vicio y gula” me contestó. El mocerío sí sabe programar el aire acondicionado e incluso calcular las rutas de los viernes noche, dije. Me miró entre incrédulo y distraído. Entonces me dieron ganas de descomer lo comido, pero ya no se podía. Me preguntó si iba adonde la cultura por camino recto o por el circunflejo, le dije que la cultura hacía mucho que salió del ángulo obtuso y que andaba por aquí, en el aire como el wi-fi o quizá en esos librejos de bolsillo. “Enojóse mucho, y díjome que aprendiese modestia, y tres o cuatro sentencias viejas, y fuese”. Quedé perplejo, con cara de girasol, asomado en este balcón con vistas al llano.