miércoles, 23 de abril de 2014

Con vistas al llano

Tutelado por el licenciado Cabra,  como en otros tiempos, tan austeros como aciagos  de protomiseria quedé encallado, más allá de la búsqueda de algunos  garbanzos escurridizos en la olla aguada. Y por unos breves instantes, malcomido y como entre sueños, tuve con él un torpe diálogo:

“Coman que me huelgo en verlos comer” me decía. Pensé que el licenciado cada día estaba más joven y su sotana no parecía tan raída. ¿Perdiz hay? No, unos mendrugos, y que sobre para los criados, que también han de comer, dijo asomando burlón por la esquina de la pantalla led. A cero con noventa y nueve dólares la renovación de guasap objeté mientras mis tripas pedían justicia.” Todo esto es salud y otro tanto ingenio, lo demás es vicio y gula” me contestó. El mocerío sí sabe programar el aire acondicionado e incluso calcular las rutas de los viernes noche, dije. Me miró entre incrédulo y distraído. Entonces me dieron ganas de descomer lo comido, pero ya no se podía. Me preguntó si iba adonde la cultura por camino recto o por el circunflejo, le dije que la cultura hacía mucho que salió del ángulo obtuso y que andaba por aquí, en el aire como el wi-fi o quizá en esos librejos de bolsillo. “Enojóse mucho, y díjome que aprendiese modestia, y tres o cuatro sentencias viejas, y fuese”. Quedé perplejo, con cara de girasol, asomado en este balcón con vistas al llano.

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