lunes, 5 de mayo de 2014

Entre Trinitarias

Es posible que ande muerto, debajo de las criptas, algo manco eso sí, según dicen un poco desdentado y en plena senectud. O también es posible, que aún siga vivo, y que escondido en una cueva medranosa  siga inventando nuevas desventuras de otro flaco caballero andante, enamorado de alguna trinitaria ociosa; o quizá imaginando otra novela a lomos de un clavileño cualquiera surcando por algún llano ventoso deshaciendo entuertos, contra necios de hojalata que se ríen de damas deshonradas, quien sabe...

Sin georadar de por medio, y ya en las callejas empedradas de cualquier rincón de las viejas ciudades, corretean   Persiles con sus Sigismundas, licenciados vidrieras, ilustres fregonas,  Rinconetes y Cortadillos con Monipodios maestros de prostitutas y toda una retahíla de personajes desgraciados que todavía hoy siguen viviendo de la  turbia picaresca. Los antropólogos se rascaran la cabeza buscándolo, mientras él con su pluma abstraída y huidiza sigue lejos de Argel, añorando el miembro perdido en aquella vil batalla, recordándonos como autos de fe aquello de que  “aún entre los demonios hay unos peores que otros, y entre muchos malos hombres suele haber alguno bueno”. Por si acaso, desde estas vistas al llano, yo me quedo con el olvidado Rucio rebuznando, anclado a una anilla de una pared blanca y añil, bajo un sol plano de justicia y las ínsulas las dejaremos para los buscadores de cuerpos. 

- ¿Entonces murió?
- Pues no, está más vivo que nunca, zascandil.

  

1 comentario:

  1. El ingenioso hidalgo muere y resucita cien veces, como ocurre a los ilustres personajes. Además, amigo mío, lo he visto muy perfilado en tu pluma, se diría que está muy vivo.
    Me ha encantado.
    Abrazos.

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