martes, 1 de septiembre de 2015

En vertical

Lo encontré una noche por la calle trinidad
seguramente camino de la notaría mayor
parecía ensimismado y crédulo,
sus zapatos negros crujían sobre la calzada empedrada,
le seguí por la cuesta del nuncio
vagamente iluminada por lámparas de aceite
su espada dorada casi rozando  el suelo
me detuve cuando se metió bajo el dintel de la casona
en una de las  esquinas de la plaza de cuatro calles.
Reapareció tras los cristales sentado en un escritorio austero
garabateando con su pluma complejos caracteres
acercándola a cada tanto al  tintero negro,
entonces  pude ver con detalle sus manos blancas llenas de puñetas enjaezadas
y sus refinados y largos dedos y su inmensa soledad
incluso descifré el paisaje de su escalofriante tristeza
y creí percibir tantas otras cosas…
Con la lluvia de noviembre empezó a apestar a ánimas
y volviendo tras sus huellas se rompió la magia,
tuve que refugiarme en la primera taberna
donde olía a orines y a vino ácido.

Años después  le recordé cuando andaba yo cerca de Criptana,
y de como asomado al retrato el caballero jamás se cansaba
de mirar y mirar el correr de  los siglos
a través de su indefinida mirada.

(Aquí sigo vertical
tras este cuadro asomado a los siglos
entre estos cuatro maderos carcomidos
asfixiado por la golilla y las puñetas
custodio de la hidalguía
astigmático y místico.)







No hay comentarios:

Publicar un comentario