jueves, 17 de septiembre de 2015

Mariposas de aceite


Creo que me he habituado demasiado a vivir entre las hoces de la melancolía, últimamente confundo las hojas desprendidas de los árboles con objetos inútiles que en un momento u otro me pertenecieron, una llave oxidada, un artilugio estropeado, un perfume encarcelado. Y cuando la llama de mi vela tirita amenazando con apagarse, ahueco mi mano izquierda para detener la inercia del viento y entonces olvido si es martes o jueves, y me escondo tras un par de cervezas y una mosquitera. Me hundo en mi hueco de la cama comenzando a pasar las páginas de mis libros bajando y subiendo escaleras y revuelvo un poco en mi pecho. Recuento los centímetros cúbicos de mi mente buscando alguna filtración bajo el cráneo, una humedad, algún borde enmohecido, que sé yo si un fragmento desprendido. Es cuando me aseguro de que estoy cuerdo del todo y comprendo que calabaza y calabozo sólo se diferencian en las últimas vocales. Ya entrando en los primeros sueños oigo el sonido del reloj azul machacando los segundos y comprendo lo finito de mi tiempo, son esos instantes en me identifico con esas mariposas de aceite que flotan tan livianas. 




No hay comentarios:

Publicar un comentario