martes, 10 de noviembre de 2015

Escondrijos

Y por la cuerda de funámbulo, como un acróbata grotesco deambulas de un lado a otro, agarrado a esa pértiga  ácrata y casi teatral. Te mueves veloz entre el viento enracimado que trae olor a vino verde del norte, si te dejas caer sabes que te espera la zona abisal o quizá algún precipicio low cost, pero ves  zarpar un buque metálico de una playa de plástico, alejarse un sinónimo enrarecido, vislumbras aquel lejano cruce lleno de letreros de dirección descolgados por la herrumbrosa oxidación, y ya no sabes si la cuerda es de dirección única o al otro lado espera un pórtico gótico, un duende montesino, una alegría literaria o tan sólo el paso de un matojo rodando por el erial. Ya pasaste por borracho, desempleado y hasta perro y ahora dudas, das pasos desajustados, tiemblan tus pies bajo la cuerda y te muerdes el labio inferior, las luces empiezan a apagarse y los años te caen de los bolsillos y se estrellan de golpe contra las avenas de abajo. Tú concéntrate, que lo demás son pliegues  y escondrijos.  


     

No hay comentarios:

Publicar un comentario